Antes de los parlantes cómo Pedro Aznar y David Lebón construyen su sonido

Durante el concierto hubo algo que llamó especialmente mi atención: aunque habían pasado décadas desde las grabaciones originales de Serú Girán, el sonido conservaba una identidad reconocible. No era una copia inmóvil del pasado. Era una sonoridad familiar reconstruida en el presente, con instrumentos que tienen historia y con recursos tecnológicos actuales.

En el artículo anterior hablamos de la potencia necesaria para llevar la música hasta cada sector de un recinto con aproximadamente cuatro mil personas. Pero esa potencia solamente amplifica una señal que ya llega cargada de matices. Antes de los grandes arreglos de parlantes, de la consola principal y del trabajo del técnico de sala, el sonido comienza en las manos del músico.

En el caso de Pedro Aznar y David Lebón, comienza también en dos maneras muy personales de relacionarse con sus instrumentos.

El sonido no está solamente en el equipo

Cuando intentamos explicar por qué un músico suena de determinada manera, es tentador hacer una lista de bajos, guitarras, amplificadores y pedales. El equipamiento importa, pero nunca cuenta toda la historia.

Dos personas pueden tocar la misma guitarra conectada al mismo amplificador y obtener resultados diferentes. La intensidad del ataque, la posición de la mano, el vibrato, la duración de las notas, los silencios y la relación con la dinámica forman parte de una identidad que no puede comprarse ni reproducirse seleccionando un ajuste.

La tecnología extiende esa identidad. Puede colorearla, amplificarla, almacenarla o adaptarla a las condiciones de una gira, pero la expresión nace primero en el intérprete.

Pedro Aznar y la voz del bajo fretless

Uno de los rasgos más reconocibles del sonido de Pedro Aznar es el bajo fretless, es decir, un bajo cuyo diapasón no tiene los trastes metálicos que dividen las notas en posiciones fijas.

Sin esos trastes, el músico puede deslizarse de una nota a otra de forma continua y controlar la afinación con pequeños movimientos de los dedos. El vibrato adquiere otra profundidad y la nota puede cantar, llorar o acercarse por momentos a la expresividad de un violonchelo o un contrabajo.

También aumenta la dificultad: ya no existe una pieza metálica que determine exactamente la altura de cada sonido. La afinación depende de la precisión del intérprete y de su capacidad para escuchar y corregir mientras toca.

Diversas reseñas biográficas coinciden en que Aznar comenzó esta búsqueda después de conocer el trabajo de Jaco Pastorius durante la década de 1970. También registran que convirtió uno de sus primeros bajos en fretless retirándole los trastes. Aquel experimento se transformaría en una de las marcas sonoras de su carrera y de las primeras etapas de Serú Girán.

En algunas fuentes el instrumento aparece identificado como un FAIM Jazz Bass modificado. La historia general de la modificación está ampliamente difundida; los detalles exactos sobre el procedimiento y las sucesivas modificaciones del instrumento no siempre proceden de documentación directa del músico.

Del instrumento a la cadena de señal

El sonido de un bajo eléctrico no termina en sus cuerdas y micrófonos. Desde allí comienza un recorrido que puede incluir preamplificación, compresión, ecualización, simulación de amplificadores y distintos efectos.

Fuentes especializadas y registros audiovisuales atribuyen a Aznar el uso de equipos como el preamplificador y procesador analógico API TranZformer LX y el procesador digital Line 6 Helix. También existen registros que lo muestran utilizando diferentes bajos, entre ellos instrumentos de fabricación nacional y modelos construidos por luthiers.

Una combinación de este tipo resulta conceptualmente interesante. Un circuito analógico puede aportar color, controlar la dinámica y modificar la respuesta del instrumento; un procesador digital permite organizar amplificadores simulados, ecualizaciones y efectos en configuraciones recuperables para cada canción.

Sin embargo, no contamos con una ficha técnica oficial del concierto que permita afirmar que esa haya sido exactamente la cadena utilizada esa noche. La mención de estos equipos describe configuraciones atribuidas a Aznar en otras fuentes y momentos, no un inventario confirmado del espectáculo que tuvo lugar en Córdoba.

David Lebón la guitarra entre el blues y Serú Girán

La identidad de David Lebón tampoco puede reducirse a un modelo de guitarra. Su sonido está profundamente relacionado con una forma expresiva de tocar: el fraseo de raíz blusera, el vibrato, la elección de pocas notas con intención y una distorsión que puede tener fuerza sin borrar el carácter del instrumento.

Su trayectoria está históricamente asociada con guitarras Gibson. Durante distintas etapas utilizó modelos Les Paul, SG, Lucille y guitarras de caja o semicaja. La Gibson ES-347 ocupa un lugar especialmente reconocible en la iconografía y la sonoridad vinculadas con Serú Girán. También existen referencias al uso ocasional de guitarras Fender Stratocaster para obtener otro tipo de ataque y brillo.

En materia de amplificación, distintas fuentes relacionan a Lebón con los amplificadores Mesa/Boogie desde finales de la década de 1970 y durante su etapa en Serú Girán. Estos equipos se hicieron conocidos por combinar saturación, sustain y control en un formato que permitía obtener distorsión a partir del propio amplificador.

Las referencias contemporáneas también mencionan pedales de fabricación nacional, incluidos modelos de Cluster. Nuevamente, esto permite conocer parte del universo de herramientas que ha acompañado a Lebón, pero no demuestra por sí solo qué guitarra, amplificador o pedal fue utilizado en cada canción del concierto reciente.

La convivencia entre lo analógico y lo digital

A veces se presenta lo analógico y lo digital como dos mundos enfrentados. En un escenario moderno suelen ser herramientas complementarias.

Los instrumentos antiguos, los amplificadores valvulares y ciertos circuitos analógicos ofrecen una respuesta física y un carácter que muchos músicos consideran parte de su lenguaje. Los procesadores digitales, en cambio, permiten guardar configuraciones, cambiar varios parámetros al mismo tiempo, reducir la cantidad de equipos transportados y mantener una mayor regularidad entre conciertos.

Esto no significa que la tecnología digital produzca automáticamente un sonido idéntico al de un disco histórico. Significa que brinda nuevas formas de organizar los elementos que participan en ese sonido.

Una configuración moderna puede conservar el instrumento y la interpretación como centro, utilizar procesamiento analógico para modelar la señal y recurrir a sistemas digitales para adaptar amplificadores, efectos y niveles a cada canción. La tecnología no reemplaza el criterio del músico ni el trabajo del técnico: los vuelve administrables dentro de un espectáculo complejo.

Es posible reproducir el sonido de un disco histórico

Un álbum como La grasa de las capitales o Bicicleta pertenece a un momento técnico y artístico particular. En su sonido participaron los instrumentos, los amplificadores, los estudios, las consolas, las cintas, los micrófonos, las decisiones de mezcla y, sobre todo, los músicos en una etapa determinada de sus vidas.

Reproducir exactamente esas condiciones sería prácticamente imposible y quizá tampoco sería deseable. Un concierto actual se desarrolla en otro recinto, ante otro público y con sistemas de sonido muy distintos. Los propios músicos han cambiado, y con ellos cambió su manera de interpretar las canciones.

La búsqueda parece ser otra: conservar los rasgos que hacen reconocible aquella identidad. En el bajo de Aznar, eso puede aparecer en el fraseo y en la expresividad del fretless. En Lebón, en el vibrato, la saturación y una manera de hacer cantar a la guitarra. El equipo ayuda a recuperar colores; la interpretación les devuelve sentido.

La tecnología al servicio de una memoria sonora

Lo más valioso del concierto no fue reconocer una marca determinada sobre el escenario. Fue comprobar que una música nacida décadas atrás podía conservar su identidad sin quedar atrapada en el pasado.

Entre las manos de los músicos, los instrumentos históricos, los equipos actuales, los técnicos y el gran sistema de amplificación del recinto se construyó una continuidad. La tecnología hizo posible adaptar esa memoria sonora al presente, pero fueron la sensibilidad y la manera de tocar las que permitieron reconocerla.

Antes de que la música llegue a los parlantes ya existe un universo de decisiones. El gran sistema de sonido puede llevarlo hasta la última fila. Pero aquello que finalmente emociona comenzó mucho antes: en una cuerda, en un dedo y en una nota tocada con intención.

Fuentes y alcance de la información

Este artículo utiliza antecedentes biográficos, registros audiovisuales y bases colaborativas de equipamiento. Estas fuentes permiten reconstruir parte de la historia sonora de los músicos, pero no sustituyen una ficha técnica oficial del concierto.

Las menciones de equipos modernos deben leerse como configuraciones atribuidas o registradas en determinados momentos. No se afirma que todos ellos hayan sido utilizados en el concierto mencionado.